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10 julio, 2012

¿Vida? No la necesito.


Hola.

Si estás leyendo esta carta supongo que habrás escuchado el disparo, y delante de ti está mi cuerpo agarrado a una pistola, sin vida y con una bala incrustada en la cabeza, no te preocupes, no me ha matado un psicópata, ha sido todo un suicidio, un acto voluntario.

¿Por qué? No merezco la vida.

Te pido por favor que te calmes y salgas de esta habitación, siéntate en algún lugar tranquilo, respira hasta calmarte y lee con atención.
Sabrás que siempre he aparentado ser el chico más fuerte, el típico “cabrón” de instituto, ese que siempre hace bullying a los que son más pequeños que él, pero tan solo es la apariencia física, ya que por dentro sufro muchísimo, se podría decir que por dentro estoy muerto.

Todo empezó a mis diez años, en un parque, un chico de quince años se me acercó y me dio un empujón, me gritó que me había visto mirarle varias veces, que si tenía algún tipo de problema me enfrentase a él y le dijese las cosas a la cara, yo no podía responder, estaba atemorizado. El chico siguió gritándome, dándome empujones, se cargó a patadas contra mí. Cuándo se cansó de pegarme, el chico se marchó y me dejó en el suelo, llorando y repleto de magulladuras.

Cuando llegué a casa mis padres me preguntaron que me había pasado, pero nunca les dije nada, ni a ellos ni a ninguno de mis conocidos, guardé esa experiencia en mis adentros y la guardé bajo llave. Desde entonces viví con ese trauma infantil, hasta que unos meses más tarde mi padre me volvió a preguntar que me pasó aquella tarde, yo no contesté, mi padre insistió, yo seguí negándome a hablar. Entonces mi padre estalló de la ira que sentía y me dio un bofetón.
La imagen de mi padre con la cara desfigurada por la rabia, abofeteándome, mi madre llorando detrás suyo, ese conjunto de imágenes se me quedó grabado en la mente, tatuado en mis recuerdos, algo que no he olvidado en mi corta vida.

Esas dos cosas me hicieron cambiar muchísimo, decidí que no permitiría que nadie más me hiciese daño, cerré mi corazón y mente, y me convertí en el ser más despreciable y odiado por la sociedad. Quizá no era la solución maltratar a mis conocidos, pero era la única manera de que yo me sintiese con vida. He sido un ser que se ha aferrado a la única vía que le permitía sentirse vivo, sin importarle los medios que hubiese que utilizar ni los daños que ocasionaría, mientras que esa acción me permitiese sentirme vivo, haría lo que sea.

Y ahora mírame, muerto de un disparo, un suicidio porque siento que el mundo no necesita mi existencia, sé que mi muerte os ocasionará llantos, dolor y sufrimiento, pero al cabo de unos meses todos me habréis olvidado y volveréis a vuestras monótonas vidas y yo quedaré como un recuerdo distante.

No me arrepiento de la decisión de haberme quitado la vida, sé que en realidad esto mejorará la de mucha gente, he quitado esa pesada carga que había en vuestras espaldas.
Adiós mundo.

Esta historia es totalmente ficticia y sin ningún parecido con la realidad, basada en el poder de la imaginación, mi única intención con esto es concienciar a la sociedad de que, aunque haya cosas que ignoremos o no las conozcamos, esas cosas existen y no deben de ser ignoradas.
Cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad.